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esos ciclos de siempre |
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nada |
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Ustedes me han hecho sentir luego de mucho tiempo de no sentir nada. Me han llamado frío, distante. Tal vez lo soy, tal vez lo he sido. Les he mentido tantas veces, por decirles lo que no siento o por no decirlo. Ustedes me regalaron sus besos, sus caricias. Algunas se las robé, otras las copié y las usé con otros. Hoy, tras estos pocos años; pocos porque eso son, no importa cuán vieja se sienta mi alma en las tardes sin pasión o cuánto cabello pierda; se meten en mis sueños, en mis besos y en mi nostalgia.
Tengo nostalgia de ustedes. Se me arruga el pecho pensándolos. Los quiero besar, lamer, ver sonreír, olerlos, volverme débil junto a ustedes, escucharlos.Me mansturbo recordándolos, los imagino, me escapo a esos momentos de cama cuando fui de ustedes y cuando fueron míos. Recuerdo cómo me besabas la oreja y me hablabas quedito y yo apenas adivinaba lo que decías y te odiaba por reírte de mi sordera, creo que me arrepiento de no haberte acompañado al hotel esa vez. Tus manías. Tus historias y tu piel morena.Y una de las primeras veces que nos vimos nunca se me olvida y siempre me da risa. Te perdí después de una llamada de menos de un minuto. Te esperé un chingo de rato en el oxxo, vi la luna avanzar en el cielo, me divertí viendo a esas putas estrafalarias que llegaron por café, el frío, y llegaste cínico y desvelado. Tu café constante, el cigarro en tus dedos, las historias que repetías tantas ocasiones. Recuerdo cómo te quedaste llorando acurrucado en mi. Tu barba rala. Me duelen esos planes, cómo se me fue acabando la ilusión y cuánto te aferrabas a ella. Tus dientes chuecos. Tus cajas desordenadas llenas de películas. Tu extensa mancha en el cuerpo. Tus muertos y tu don que tanto rechazabas pero del que no podías escapar y que siempre terminabas por contagiarme. Tu saco blanco. Tu calor, siempre eras cálida cada noche que pasamos juntos. Lo mucho que me entendías por esas cuantas cosas en las que eramos, o somos, iguales. Lo tierno y lo maléfico de tu amor. Tus chinos, tu olor tan fuerte. Tu espalda. Tus piernas. La ocasión que terminaste viendo espuma en el techo. Cómo te odiaba cuando te ponías borracho. Lo mucho que me encelaba que lo extrañaras tanto y que lloraras por él y no por mí. Tus múltiples cortes de cabello. Nuestras ganas, nuestra esperanza. Lo imbécil que era estando contigo y ese extraño alivio que sentí entre lágrimas ese día que te fuiste. Dormimos poco y querías tender la cama del hotel y me reí de ti por eso. Tu trasero subiendo el tepozteco, tus viernes de vestimenta elegante. Tu histeria de a ratos. Debí decirte que ya no quería, tal vez sería distinto. Tu imbecilidad queriendo a huevo buscar la muerte o quizá sólo queriendo llamar la atención. Tus tatuajes, tus lentes, tus manos, tu cuarto, tu música, tu casa. Tus panchos idiotas. Tu cuello, tu risa, mi adicción a tu olor y a ti. Recuerdo tus ojos, tus poemas en mi celular. Tu voz clara. Tu olor de siempre con tonos diferentes. Las películas y tu increíble buen gusto. Tus frases. Recuerdo tu briaguez de esa noche, tu obvia experiencia, tu calma y tu sonrisa de diablo travieso. Tu mirada de demonio rencoroso cuando aquella otra vez fuiste rudo y querías que sintiera dolor. Tu piel caliente y tus lágrimas tibias y yo sin voz. Aquella vez que no querías. Aquellas veces que estabas inconsciente por el alcohol y me aproveché de ti. Tu nariz chueca. Cómo sufrí por ti cuando aún no me hacías caso. Ustedes que no estan conmigo ahora. Que me dejaron recuerdos. Me duelen, me duele lo que no pudo ser, lo que no se dio, lo que ocurrió, lo bonito que lo pasamos, lo malo, lo bueno, me duele más lo malo. Los extraño, los amo aún, por ratos los quieron de vuelta, por ratos me siento tan bien de que ya estén fuera de mi. Me dan nostalgia y creo que eso es lo único con lo que puedo quedarme porque todo sigue, todo continúa y no debo dejarme del miedo que me sigue y vuelve mis pasos pesados. Sigo porque ustedes siguen y siento envidia. Sigo porque ustedes siguen. Sigo porque no importa con cuántos estemos, con cuántos vayamos a estar o con quiénes estemos. Sigo porque hay que seguir. Sigo porque quiero seguir. Los guardo, los arrastro y no puedo olvidar, no quiero olvidar. Siguen solos, siguen también acá en mis recuerdos, y yo, con ganas de ustedes, con la nostalgia como televisor para pasar las tardes, y tal vez me atrasé un poco. Debo seguir mis consejos, los de ustedes, los de su ejemplo y yo también debo seguir.
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