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BUUUFF |
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El Dulce Sabor del Miedo. El hambre de Dean siempre ha sido voraz, puede que incluso el término voraz se quede corto. Su paladar degusta todo tipo de alimentos y es capaz de digerir una enorme cantidad de calorías antes que la mayoría de los humanos, por que entrenar tan duro con los pasteles de merengue ha valido la pena. Sam siempre pensó que su hermano tenía alguna especie de superpoder que le permitía atracarse de comida sin pasarlo mal después, quizás tuviera un agujero como esos de los que los magos sacan palomas, conejos… u ocultan la Estatua de la Libertad. Era para él un misterio que se equiparaba al nacimiento del mundo. Ver a Dean sonriendo y diciendo cada cinco segundos “Mmmm, jodersícoño” delante de un enorme trozo de pastel, al borde de la excitación es como ver el National Geographic solo que más asqueroso y sin música en los momentos de ataque, vigilancia o caza. “Dean en serio, es el cuarto trozo…”. Sam está preocupado, ha visto engullir a Dean en multitud de ocasiones y no debería estarlo, pero es que desde que volvió a la vida, no ha dejado de comer, sobre todo si tiene que hacer algo importante o van a ir en busca de algún demonio. “¿Podemos dejar algo de tarta para el resto del restaurante, por favor?” “Tío, ¿me meto yo en tus cosas? ¿Qué más te da que sean cuatro o veinte?” “Tú mismo, pero tenemos caza y te estás…” “Pero que pesadito eres…, está bien. Que me pongan el resto para llevar y nos vamos, puedo seguir comiendo en el coche hasta que lleguemos” “Yo no pienso decírselo, vas a morir de una subida de azúcar” “Total…, puedo morir ahora o dentro de dos horas, ¿Qué importa eso?” Sam no le dirige la mirada cuando la camarera le envuelve con delicadeza el pastel y escribe su nombre y su teléfono en el papel. Dean promete llamar, aunque no lo hará y ella le hace un descuento por que cree tener posibilidades. El impala huele a sangre y pólvora, una constante en sus vidas que ya ni siquiera distinguen, por que lo llevan impregnado desde que dispararon por primera vez, es algo así como el olor Winchester, único e inimitable. Ahora encima huele a crema y chocolate y eso Sam sí que lo distingue. Dean se ha desabrochado el primer botón del pantalón, pero sigue comiendo como loco y sin pausa. Cada diez segundos hunde un tenedor de plástico en el pastel que descansa con temor junto a él y se lo traga sin saborearlo. “Vas a vomitar en tu propio coche, Dean” Suspira con desaprobación y empieza a sonar como una madre, el tono comienza a subir. No quiere que siga comiendo y punto, no es normal que algo así le pase. “¡Basta! Voy a tirar el pastel por la ventana y luego me vas a contar que pasa, Dean, por que algo te pasa aunque no me lo quieras decir y sé que es algo referente a los Demonios y la caza y…” “¡¿Estás diciendo que tengo miedo?! ¿Pero tú de que vas? ¡Yo no tengo miedo de morir, Sam! ¡He estado en el infierno, tú no tienes ni puta idea de qué es eso! ¡Cállate la puta boca!” El impala se detiene en la cuneta y cuando se apaga por completo, Dean le ataca sin piedad, golpea el volante como si tuviera la culpa de todas sus desgracias y golpeando el volante, golpea a su padre, a su madre y a Sam, a todos. Se golpea a sí mismo y al infierno, al miedo, el dolor y la rabia. Golpea a su vida. “Dean…” No es ese “Dean…te estas pasando”, ni ese “… ¿Ahora que coño te pasa?”, es ese “Dean…me tienes tan acojonado que va a darme un derrame”. Dean no le mira cuando termina de aniquilar el volante, abre la puerta y apoya uno de sus brazos en ella, mientras se sujeta con el otro. Saca la cabeza y vomita sobre la arena rojiza, sin una arcada seca, solo comida masticada volviendo a ver la luz después de un paseo corto por el aparato digestivo de Dean. Sam extiende su brazo y mueve su mano con movimientos circulares sobre la espalda de su hermano mayor que no para de vomitar compulsivamente sin apenas gemidos. No sabe que hacer, por que Dean nunca le ha dejado hacer nada y apenas sabe que decir, por que no sabe como hacer que deje de sentir miedo. “Si tienes miedo habrán ganado, definitivamente habrán acabado con nosotros” Tiene que mirarle, tiene que saber la reacción de Dean tras sus palabras, pero Dean sigue deshaciéndose de la basura que lleva dentro. Aunque le tiembla el cuerpo y está seguro de que ha escuchado algún sollozo pronunciado. “Tu y yo, Dean, siempre hemos sido uno y ahora nos hemos separado y pretendes que tire de ti aunque sabes que las cosas están demasiado rotas en todas partes. Si cubro tu espalda, nadie cubrirá la mía, si solo la cubres tú, no habrá nadie que guarde la tuya. Por que siempre hemos sido tú y yo, nada nos ha ocurrido, tú cuidas de mí y yo trato de cuidar de ti. No puedes dejarme llevar esta carga a mi solo, por que te necesito, pesa demasiado y aunque quieras echarle encima kilos y kilos, seguirá pesándote a ti también dentro y nada…” Dean tose y carraspea, parece estar ahogándose en la verdad. Como si hubiera estado jugando con ella al escondite y se le hubiera aparecido de frente con los ojos negros y riéndose de él. Le duele el cuerpo entero y a pesar de no tener nada más en el estómago, no deja de sentirse enfermo y mareado, tras vomitar la basura que cubría parcialmente el miedo, ahora este le ha envuelto el cuerpo entero y no le deja moverse tratando de poseerle. Quiere vomitarlo, pero se agarra tan fuerte que no puede pasarlo por su garganta. “Tengo miedo, Sam, mucho miedo” Se da la vuelta mientras se limpia la boca con la manga y se encuentra por un momento con los ojos llenos de preocupación de Sam, pero no puede aguantar la mirada, por que el Miedo es sinónimo de Cobardía y Dean se siente cobarde. “Yo también, pero también tengo ganas de seguir ayudando a la gente, luchando. Y si caemos, lo hacemos sabiendo que el otro nos recogerá, pero ahora ambos dudamos que el lo haga. Por que yo no sé donde está mi hermano, creo que se escondió detrás de una tarta y se ha instalado allí” Sonríe por que a pesar de los cascotes que caen del cielo rompiendo todos sus huesos, Dean le necesita y las gilipolleces le han levantado el ánimo siempre. “Sí, pero es una tarta cojonuda” “Dean, te aseguro que si alguien trata de herirte, estaré detrás, pero si te dejas ir sin más, no podré hacer nada. Papá siempre decía que si hay algo dentro de la cabeza de un Winchester, nadie podrá sacárselo y tu siempre has sido el más cabezón de todos” “Que gracioso el chaval. Pásame el agua y deja de tratarme como si fuera tu mujer con un test de embarazo en la mano” “Bueno, mientras sea el hombre en la relación y tu sostengas los tests de embarazo” El impala ruge descontento, ya casi no hay sol y pensaba descansar el resto de la noche, pero se pone en marcha por que nunca les ha fallado, es un Winchester más “Putomaricón, ¿Qué hombre?, Si la sabes chupar mejor que una mujer” “Que te jodan, Dean, el que la chupa y se relame eres tú” “¿Eso es lo que has estado aprendiendo mientras estaba en el infierno?” “Eso y muchas cosas más, pero, si te las enseño aquí te aseguro que tendremos un accidente” “¿De verdad que ese poseído no puede aguantar un día más?” “Puede…y tranquilo, si tienes miedo y quieres abrazarme, Dean…” “Vetealamierda, prefiero trabajar a que me des el coñazo con tus gilipolleces” “En serio, Dean, ¿Quieres que te coja de la frente al vomitar? ¿Qué te tape con una manta…?” “Que te jodan” “Espera, espera, pon Bon Jovi así podremos llorar juntos y no me sentiré tan solo” “Sam, la próxima gilipollez te va a costar una semana de mamadas” El sol se esconde y se lleva los miedos de Dean, encubriéndolos una noche más del resto del mundo y de sus pecados. Dejando a la luna observar por las ventanas de un motel cualquiera en ninguna parte. Por que eso es lo que son un motel en ninguna parte donde a pesar del inminente derribo las luces continúan encendidas como señal de resistencia.
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